El Borracho


Cierto día que volvía a casa, me senté frente a un borracho inofensivo. Claro, no había notado su estado etílico, pero si tenia un color de piel rojo peculiar. Ya no recuerdo cómo comenzó la conversación. Pero me dijo, - La ropa no siempre esconde lo mas feo del cuerpo-. Una frase de Khalil Gibrán; según él me dijo. Yo le dije, -tal vez esconde lo bonito-. El se sorprendió: -¡sí!- me dijo, -mi abuela decía: "siempre hay que estar armados", -hizo una pausa- ¿cómo nos armamos? -dice-: Leyendo libros. (Entonces me hizo reir). Saqué el libro que llevaba - que aun no termino de leer- Madame Bovary. - Voy armada...- le dije.
¡Ah! y es bueno, -dijo él-. ¿Ah si? -le dije-. Yo no había leído mucho. Además me impresionaba que leyera un autor que yo también, que ciertamente me gustó lo poco que he leido de él, y que además es algo filosófico, por decirlo así. 

A veces se ausentaba y se quedaba pensando. Yo estaba de lo más divertida con la conversación y sus muecas. Pero, llegó a su estación. Se levantó de repente, y dijo: ¡Ah, llegue! -¡Buen viaje!- le dije.
Es la estación que comunica con los trenes de larga distancia, y él llevaba una mochilota. Me contestó,- No, si ya he llegado.- Ah, entonces, ¡bienvenido!-dije.

Va borracho, dice otro hombre a mi lado. Borrachísimo, le dije. y me reí. De repente, cuando vi hacia la puerta del metro, el pobre hombre estaba tirado en el suelo, y asistido por tres muchachos. No pude evitar reirme, pero no fue con mala intención. Es que me hizo reir en todo el camino. "Se cayó" "esta borracho" comenta la gente. Ah, que pena. Les dije. Y volvi a reír, inevitablemente, mientras nos alejábamos de la estación.

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