La ansiosa espera de lo desconocido

En esta ocasión el estudio se realizará sobre la nieve. Dejaré los helados en un segundo plano aunque me cueste trabajo. 
Necesariamente tendría que encontrarme en un ambiente con temperatura igual o mayor a 0 grados. 

Mi encuentro con la nieve se hace esperar y vuelve a causarme expectativa. Por ello temo llevarme una desilusión. (Tal como ocurrió con el "tal emperador"). 

La espera de la nieve me tiene un poco ansiosa. Me causa curiosidad, intriga. La gente que ha tenido ya muchos encuentros e incluso convivencia con la nieve, tiene diversas opiniones al respecto. Opinan que es linda, o les da igual. Que verla caer es lindo, o les da igual. Pero, quienes la conocen a pesar del sentido superfluo que le concedan han jugado con ella.

No armaré un debate sobre color o temperatura de la nieve; ya que tod@s coincidirían en las características. Tampoco en las sensaciones, ya que yo misma me encontraría fuera del debate, pero, tal como en otros estudios, me limitaré a expresar la similitud que le encuentro a la nieve con "el primer beso".

Y entonces, ¿cómo comvertimos los kilos en litros? decía uno de mis profesores. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. 
Lo expondré de otra forma:

Cuando comencé a armar mis debates filosófico-cómicos, me encontraba en uno que era lo que se siente con el primer beso. (Sí hace ya algún tiempo que comencé a darle vueltas a mis ya retorcidas ideas). Me preguntaba si sentiría cosas físicamente, me daba un poco de miedo, me daba curiosidad, intriga.

Pero hoy, a pesar que esas cosas pasan, una se deja de quebrar el coco por esas nimiedades, que llegan porque han de llegar, aunque no sea lo que una esperaba. Pienso: la nieve... me da miedo, me asusta el frío, tan ajeno a mí, a mi modus vivendi; pero quiero verla, quiero sentirla cerca, con mis propias manos, quiero tocarla, olerla, probarla... quiero jugar con ella y en ella. Y mientras más pregunto por la nieve, las respuestas suelen alejarme de mis temores y mis angustias, y me siento más y más cerca. Aunque si se lee primero  éste párrafo podría censurarse por dar lugar a segundas -o terceras- interpretaciones-.

Pero es entonces cuando pienso si no estoy idealizando la nieve tal como hice con otras experiencias que tiendo a comparar. Así que nuevamente, me siento y pienso cuándo será el día que logre acercarme o quién sabe, pronto ella viene hasta aquí, y la veo caer desde mi ventana, o cuando salgo y comienzo a recorrer mis habituales caminos, me sorprende un pequeño copo de nieve.

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