jueves, 31 de octubre de 2013

La musa y la remuneración ajena a ella. (y no es cuento)

Algunas veces me dijeron que tenía mucho que dar en la danza.
Ciertamente nos hacemos sus discípulas porque sentimos que recibimos más de lo que damos. Recibimos conocimientos, disciplina. Tenemos compañeras, maestras y a veces pequeñas alumnas. El mundo se abre ante tus ojos. Dejas de tener miedo a caer. Y te levantas. Hasta que todo sale como lo esperas. O la maestra. O ambas. 

Tenemos entonces dos evaluaciones, la propia y la del maestro. A veces una lo siente bien y te corrigen más y más. A veces parece bien para el maestro, pero una sigue limpiando. 

Realmente hoy, que no doy nada a la danza. Hoy que quisiera volver, me pregunto si no tendrá algo para darme. Me niego a verla en otros cuerpos ajenos al mío.
Me niego a sentirla, a escuchar la música en una butaca. Nos hemos separado pero, a pesar de que ella está tan cerca, no quiero verla a los ojos. 
Es porque no he bailado suficiente. No como quisiera, y si realmente tendría que haber dado más. ¿no esperará ella que lo haga?

Pero hoy me pregunto: ¿que podría darme ahora ella?
En momentos como éste me planteo si no le gustaría hacer un intercambio más lucrativo. De cuerpo e interpretaciones por algo que ayude a pagar los pequeños gastos de agua o de luz eléctrica. 

Quizá nunca habría sido tan difícil seguir sus pasos si el mundo no pensara que tenemos que trabajar para comer y que bailar no es un trabajo. 
Si bailar fuera un trabajo dedicaría a ello más horas, que no me pesaría en absoluto. 
Pero como nadie lo considera así, comencé a buscar el trabajo remunerado dejando atrás a la musa. Así que tomamos distintos caminos.


No sé qué pasaría si las cosas que amamos comenzáramos a hacerlas por dinero. No mucho pero, si da lo suficiente, es una buena combinación. Es claro que no hay bailarinas millonarias, pero si la gente lo tomara de una forma menos radical, si el arte se pagara de diferente forma. Quizá entonces no me gustaría tanto, sin embargo lo que no podemos comprar es el talento. Así que mientras tanto seguiré en mi trabajo lucrativo hasta que nos reconciliemos. Ella y yo. Día tras día. Cuerpos y mentes. Sin que los obscuros pensamientos se interpongan entre nosotras, sin que haya que pensar en agentes externos. Sin que haya que dar explicaciones.